La palabra “seguridad” toma fuerza en Milán, gracias a la nueva normativa que prepara el consistorio de la ciudad y por la cual, ningún vehículo de más de 3.500 kilogramos podrá acceder a las zonas de bajas emisiones de la ciudad si no está equipado con sensores de ángulo muerto en sus espejos retrovisores.
Esta es la noticia que hemos conocido gracias a los compañeros del medio italiano Moto.it. Y no nos sorprende nada, teniendo en cuenta el veto constante que están llevando a cabo los políticos de buena parte del mundo hacía buena parte del parque móvil que actualmente poseemos.

Milán busca proteger a los colectivos más vulnerables
Sin embargo, esta decisión por parte de los dirigentes milaneses tiene como máxima finalidad la protección de una serie de colectivos que por lo general son vulnerables frente a otros usuarios de la vía. Hablamos de motoristas, peatones o ciclistas, que no suelen ser objeto de la atención de otros conductores.
Principalment, los que conducimos automóviles o vehículos pesados que, por desgracia, no estamos todo lo atentos que debiéramos en algunas ocasiones. Para remediarlo el consistorio milanés ha optado por prohibir la entrada al centro de la ciudad de los vehículos de más de 3.500 kilos que no dispongan de sensores de ángulo muerto instalados en sus retrovisores.

La concejala de movilidad Arianna Censi explicó al medio italiano como a partir del próximo 1 de octubre entrará en vigor esta nueva normativa. La misma ha sido estudiada y desarrollado tras el aumento de accidentes dados precisamente por esta situación, por la ausencia de sensores de ángulo muerto en vehículos, generalmente industriales.
Esta medida ira instaurándose de manera progresiva en diferentes zonas de la ciudad y culminará con el cobro de respectivas tasas de tipo general a buena parte de la ciudadanía. El objetivo es reducir al máximo el tráfico en las zonas más concurridas de la ciudad, aunque esto pase porque los italianos terminen notándolo en su bolsillo.


