En los últimos meses, se han sucedido las noticias sobre el descalabro empresarial al que se está viendo sometida Harley-Davidson fruto, entre otras cosas, de su toma de decisiones corporativas.
Jim Farley, director ejecutivo de Ford y miembro de la junta directiva de la firma de Milwaukee, ha dejado claro en una reciente entrevista cuál es el camino a seguir en lo sucesivo para poder garantizar la supervivencia empresarial de la marca: “Adaptarse o morir”.
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Jim Farley apuesta por una profunda renovación
Casi todo el mundo a estas alturas, o al menos aquellos a los que les apasiona el mundo de las dos ruedas, tienen meridianamente claro cuál es uno de los principales problemas que arrastra Harley-Davidson en nuestros días: La falta de una gama de acceso. Jim Farley, además, achaca la situación que atraviesa la firma estadounidense a no saber adaptarse a los nuevos tiempos y necesidades dentro del sector.
Ambas cuestiones están plenamente interconectadas, ya que en la actualidad la inmensa mayoría de moteros no quieren (en el mejor de los casos), o no pueden (suele ser lo más habitual), desembolsar las cantidades pertinentes para poder tener una Harley en el garaje. Si echamos un ojo a su web oficial, podremos comprobar en primera persona que su modelo de acceso tiene una tarifa oficial de 18.000 euros.

¿Acaso los directivos de la marca no se han percatado aún del rumbo que ha tomado el sector de las dos ruedas en los últimos años? Al parecer no, salvo honorables excepciones. Este es el caso de Jim Farley, que apuesta por una profunda renovación dejando atrás todos aquellos preceptos por los que se regía la marca hasta ahora. Tal y como declaraba en una entrevista concedida al medio argentino La Nación:
“Harley-Davidson, al igual que Ford, es un ícono mundial, pero también tiene que cambiar. No puede quedarse igual. No puede vivir anclado en el pasado. Tiene que vivir en el futuro.” Si bien no expone las propuestas necesarias para alcanzar tal meta, es inevitable pensar en que la firma yanqui debe empezar a pensar seriamente en como expandir su rango operativo en materia comercial.

Ya sea desarrollando una gama de Pan America de media-baja cilindrada, u ofreciendo a sus potenciales clientes, la posibilidad de hacerse con una Harley-Davidson por mucho menos de esos 18.000 euros que cuesta la Nightster Special. Modelos destinados al A2, así como versiones “básicas” son imprescindibles para poder subsistir en el mercado actual. Lejos quedó ya aquella época del “sueño americano”, donde gracias al esfuerzo y el trabajo podías ser el feliz propietario de una de las flamantes motos de Milwaukee.
Vivimos tiempos confusos donde la inflación sube por momentos, los sueldos llevan estancados años y la gente, por desgracia, ya no puede soñar con pilotar una Harley-Davidson de altos vuelos en mangas de chaleco y un pañuelo liado en la cabeza.
Así que esperemos que Artie Starrs, el nuevo CEO de la marca y el amplio plantel de directivos al cargo, se percaten de la necesidad de cambiar de rumbo cuanto antes. De lo contrario, es muy probable que el bache actual que atraviesa la compañía termine convirtiéndose en un lodazal empresarial del que ya no pueda salir.