Tras trabajar durante 42 años como soldador en la Bethlehem Steel, Arthur Werner Sr. aprovechó su bonus de jubilación para comprarse una bonita Harley-Davidson Heritage Softail de 1990 dotada de un sidecar a juego. Lamentablemente la semana pasada fallecía de cáncer a los 89 años de edad, pero este residente de la Steel City de Pensilvania decidió que no haría el viaje en solitario.
Por ello expresó como última voluntad ser enterrado en el sidecar y para ello se pusieron en contacto con la funeraria Heintzelman Funeral Home, especializada en entierros para apasionados de las motocicletas. No tuvieron ningún problema en cumplir sus deseos, incluyendo un velatorio con el cuerpo dentro del sidecar.
Y es que esta funeraria es muy especial y entre su flota de vehículos cuenta con tres motos fúnebres, especialmente adaptadas para poder llevar a sus clientes amantes de las motos donde necesiten. Lo cierto es que seguro que a cualquiera de nosotros no nos importaría dar nuestro último paseo en ellos.
Su hijastra, Cindy Werner, expresaba que vivía para y por esta moto. Y ahora también formará parte de su otra vida.
Curiosamente no es el primer caso similar que nos encontramos en Estados Unidos. Hace unos años, Billy Standley de Ohio pidió ser transportado y enterrado montado sobre su Harley Davidson Electra Glide del 67 dentro de un ataúd de cristal fabricado para tal fin.




