El apartado estético de la moto es uno de los más valorados por los compradores y usuarios, pero en algunos casos estas ganas de mejorarlo pueden llegar a suponer que pasemos por alto detalles y situaciones que pueden ser perjudiciales para la moto e incluso para nuestra seguridad. Pintar las pinzas de freno puede ser una de ellas.
Lo primero que debemos destacar es que cualquier manipulación del sistema de frenado debe ser hecha a conciencia por alguien que sepa perfectamente cómo se debe hacer y cómo funciona el sistema. Si manipulamos mal el sistema de frenado nos expondremos a situaciones muy peligrosas para nuestra integridad y la del resto de usuarios de la vía.
Dicho esto, pintar las pinzas de freno puede acarrearnos más de un problema. El primero es que al pintarlas, dejarán de ser visibles macas de desgaste y defectos que puedan surgir y que puedan afectar al rendimiento de los frenos. Así mismo, si vamos a comprar una pinza y esta está pintada por su anterior usuario, este mismo efecto nos impedirá ver cuál es el estado real de la pinza. Por ese motivo, es mejor evitar la compra de este tipo de piezas de segunda mano.
Por otro lado, si la pintura usada no es de buena calidad el resultado pronto puede volverse en nuestra contra. Si la pintura no es especial para soportar altas temperaturas y las condiciones climáticas adversas, tardaremos poco en ver como la pintura se deteriora. Además del resultado estético, que la pintura se descomponga puede llegar a afectar al rendimiento de nuestros frenos.
Por estos motivos, si queremos que las pinzas de nuestra moto tengan un toque de originalidad, lo mejor es recurrir a pinzas que ya vengan pintadas por el fabricante. De esta manera, nos aseguraremos de que el resultado es el mejor posible.





