La respuesta es sencilla: los atascos los causan las malas prácticas de los conductores en muchos casos con la ayuda de la propia planificación urbanística o de las carreteras. En las zonas urbanas, los atascos se suelen crear por las intersecciones o semáforos, ya que ante ellos el tiempo de reacción de los conductores y los diferentes ritmos de arrancadas y paradas generan una reacción en cadena que lleva a colapsar las intersecciones y con ello, a detenerse el tráfico en las vías que concurren.
Con una premisa parecida, en las autopistas o carreteras interurbanas los atascos se forman por la poca distancia de seguridad que se deja entre vehículos y por las salidas o incorporaciones poco fluidas. De esta manera, ante una ligera reducción de velocidad de un vehículo, los que le siguen deben frenar de manera más brusca uno tras otro hasta que al final esta reacción en cadena lleva a un vehículo a detenerse por completo. En ese momento, el atasco está garantizado, ya que detrás suyo cientos de vehículos se verán en la misma situación en pocos segundos.
Atendiendo a estas razones, la conclusión es clara. Para evitar los atascos en ciudad sería necesario un sistema con una coordinación muchísimo mayor que la que pueden aportar las personas guiadas por semáforos. Una buena alternativa serían los vehículos de conducción autónoma, pero aún estamos muy lejanos a su uso extendido. Por otra parte, la única manera de reducir los atascos en vías interurbanas y autopistas sería la de circular manteniendo distancias de seguridad constantes y mayores a las que se dejan de manera habitual. Además, siguiendo esta filosofía se ahorrarían multitud de accidentes, con lo que las carreteras serían más seguras para todos. Afortunadamente, cuando vamos en moto los atascos son menos pesados, pero igualmente son peligrosos y nos hacen perder un tiempo que no perderíamos de no existir.
Para ver de una manera más gráfica cómo se forman los atascos, no te pierdas el siguiente vídeo donde queda todo perfectamente explicado.


