Ahora la figura del piloto probador con entidad propia es más que reconocida. Pero cuando Vittoriano Guareschi, más conocido como Vitto Guareschi, comenzó a desempeñar esa labor para Ducati, no era tan habitual. Estaban los pilotos de pruebas de las marcas japonesas que rodaban en Japón, y en Aprilia había destacado Marcellino Lucchi a finales de los ’90. Pero en términos generales, el piloto de pruebas era un completo desconocido para el gran público.
Sin embargo, Guareschi, sin tener la fama y el reconocimiento de los pilotos permanentes, sí tenía en su momento su responsabilidad pública. De hecho, antes de llegar a ese papel fue dos veces subcampeón del mundo de Supersport, así que rápido era y lo siguió siendo durante mucho tiempo. Quizás ese es el secreto que hizo a crecer a Ducati, quién sabe.
Lo que sí se sabe es que en aquellos años no había limitaciones de test, y los pilotos como Guareschi podían hacer 15 o 20.000 kilómetros de test al año con una MotoGP. ¡Una auténtica locura y una auténtica delicia!
Aunque eso es lo que parece desde fuera porque atendiendo a lo que ha hablado el propio Vitto con los compañeros de InSella.it, las cosas no eran de color de rosas. La moto era totalmente nueva, los neumáticos también y la función del probador en un primer momento era “verificar si la moto se mantenía recta, si perdía aceite”.
Según el desarrollo fue avanzando, fueron encontrando otros contratiempos: “Me acuerdo de que la primera Ducati era algo increíble. La GP2 no mantenía la rueda delantera en el suelo hasta la cuarta marcha, a 320 por hora la rueda se deformaba por efecto de la fuerza centrífuga. Aquellas motos se las hacían probar al probador para no matar al piloto.” (esto último dicho entre risas)
La experiencia de Guareschi le hace pensar que, en la nueva era de MotoGP, se buscará potencia por encima de todo
Pero para Guareschi fue toda una experiencia a pesar de las dificultades. Porque hoy se ha avanzado mucho, pero en esos primeros compases del siglo, sin electrónica y sin todo el conocimiento adquirido en estos años, la cosa era diferente:
“Al principio la GP2 daba miedo: el chasis flexaba, flexaban incluso las estriberas. Salía una cantidad de aire abrasador sobre los brazos, el radiador no evacuaba. Se hizo un gran trabajo en el túnel de viento para estudiar los flujos, para entender cómo eliminar el aire caliente”.
Por eso Vitto pone en perspectiva el valor que tuvo que Capirossi fuese rápido con aquella moto, logrando vencer y a la vez evolucionando a lo que vendría después: la llegada de la electrónica que cambio las carreras para siempre.
Aunque el italiano reconoce que hoy las motos de calle son mucho más avanzadas en ese sentido que eran las de competición hace solamente una década: “El año pasado fui a un track day de Aprilia, estaba Massimo Rivola, le pedí que me dejara rodar un poco. Al final cogí la Tuono, que no es extrema, pero me encontré en una moto que se conduce casi sola. Su electrónica es diez veces más avanzada que la de las MotoGP de 2011. No hablo de las primeras, sino de motos que tienen doce-trece años. No sientes intervenciones, no percibes cortes de potencia, la entrega es lineal. El ABS en curva es algo increíble”.
También tuvo oportunidad de hablar de Stoner, de cómo era capaz de interpretar las situaciones y hacer con la moto algo que nadie más podía hacer. Aunque, eso no lo dice Guareschi, luego le costase a Ducati entrar en un pozo del que le costó más de un lustro salir.
En cualquier caso, la experiencia del italiano en MotoGP le hace vaticinar que con el nuevo reglamento de 2027 se volverá a la búsqueda de la potencia por encima de todo, como ya pasó en la anterior era de los 800:
“Creo que con la llegada de los motores 850 todos irán a buscar la potencia. Cuando la MotoGP pasó de 1000 a 800 cc, la mayoría de los constructores pensaban que lo importante sería tener una moto manejable. Todos excepto Ducati, donde decidieron hacer caballos. Junto con muchos otros elementos, esa elección permitió ser competitivos. Con las 850 creo que se volverá a buscar potencia”.
Sin duda un placer poder leer las palabras de una de las personas que, durante muchos años fue de las más afortunadas del mundo, al tener un trabajo que era hacer miles y miles de kilómetros encima de una MotoGP. Aunque, eso sí, un test no es tan glamuroso como parece y tiene mucho pero que mucho trabajo y horas detrás. Aun así, todo un privilegiado.